Salta
Nací en esta bella ciudad, a las pocas semanas de que asumiera el gobierno nacional el Presidente Arturo Frondizi y el provincial el Gobernador Bernardino Biella. Aquí también nacieron mi hijo mayor y mis siete hermanos. Hoy vive en ella la gran mayoría de mis parientes.
Mis antepasados también vivieron aquí y participaron activamente en la vida pública local, desde comienzos del siglo XVII. Uno de ellos, don Narciso Antonio de Figueroa y Toledo, hombre acaudalado, contribuyó a sostener los primeros ejércitos patrios y consolidar la independencia argentina. Diseñó y construyó a su costa el Cabildo Histórico de la ciudad de Salta, tal como lo conocemos ahora.
La ciudad actual es muy diferente a la de los tiempos de mi nacimiento e, incluso, a los de mi juventud. Ha crecido de una manera espectacular, se ha expandido su economía, pero no siempre este crecimiento ha sido armónico, respetuoso con los vecinos y con su entorno natural. La población actual multiplica por cinco la que vivía aquí a finales de los años cincuenta. En una proporción similar se han multiplicado los problemas, entre ellos la pobreza, la corrupción política y las desigualdades sociales.
A pesar de todo ello, Salta conserva el encanto de las viejas épocas y se esfuerza día a día por crear nuevos atractivos. La política intenta, como puede, dar respuestas a los problemas -los viejos y los nuevos- pero estas respuestas, cuando se producen, no suelen estar la altura de las necesidades de una ciudad vital, con una población joven abrumadoramente mayoritaria y en permanente transformación.